Un post de arturo durán. Las declaraciones de Miguel Otero, de defensa de la dictadura a más de veinte años de su fin, alertan de un proceso político inconcluso en el alma de la derecha chilena. Predecible – su conflicto kafkiano de identidad reaparece en el lugar menos indicado, en altas esferas del Estado y en conficto con el rol de embajador en Buenos Aires. Un encapsulamiento de la crisis generada, al declarar lo dicho por el embajador de asunto ‘personal’ sólo refuerza la paradoja. Podría significar, por ejemplo, un país gobernado por una élite que no ha abrazado completamente el espíritu democrático de la sociedad contemporánea que se funda en el reconocimiento de los DDHH y que cuenta con miembros prominentes, como Miguel Otero, representantes francos de un pasado de dictadura, con suficiente poder como para estremecer el presente.
No cabe duda que la derecha chilena ha evolucionado desde el pensamiento no democrático anterior - desde el fascismo, el pinochetismo e integrismo, hacia hábitos de democracia: Chile vive desde hace más de dos décadas en una democracia que se consolida. El cambio – anunciado por el presidente Piñera en su campaña – puede ser pertinente ahora, tras estas declaraciones: en la derecha. La gravedad de lo ocurrido deja una marca en las relaciones con Argentina – la paradoja chilena traspasó la frontera. Una razón más para que las derechas que hoy gobiernan refuercen sus procesos de modernización democrática post-dictadura.
¿Opiniones personales versus opiniones públicas? Tras sufrir el impacto de fuego amigo que significan las declaraciones del (ahora ex) embajador Otero, el presidente Piñera ha proclamado su compromiso con los DDHH, base sobre la que se construye la actual sociedad chilena. Repone lo que acaba de ser puesto brutalmente en duda: "Tenemos un compromiso firme con los DDHH" señala, en primera persona plural, refiriéndose al gobierno. Una declaración necesaria en vista de la confusión creada por la entrevista de Miguel Otero. Ya el presidente del Senado había criticado sin ambigüedades los dichos del embajador en Argentina. La periodista Mónica Gonzáles acierta cuando comenta que dado el impacto en Argentina y en Chile el caso marca un hito tras el cual ya no será posible defensa alguna de la dictadura desde un cargo oficial. Porque es probable que Otero, con su defensa de la dictadura, haya generado dudas acerca de las ideas y creencias políticas que gobiernan hoy a Chile con Sebastián Piñera. Se ha señalado que la respuesta del canciller Moreno no fue acertada, al calificar las declaraciones de ‘personales’. Hinde Pomeraniec, periodista de Clarín que realizó la entrevista aclaró ayer en respuesta al canciller que lo deja en incómodo entredicho, que ésta fue una entrevista realizada a Miguel Otero en tanto embajador, no sobre sus opiniones personales. El senador Allamand ha criticado hoy la calificación dado por el canciller: los embajadores – señala Allamand – no pueden tener opiniones personales. Una alerta, tal vez, para evitar futuras revelaciones.
Marcelo Cantelmi, también de Clarín, comenta que este caso deja entrever, tras la cáscara, el tipo de problema que aqueja al gobierno Piñera. La pregunta es ¿Cuántas autoridades piensan como Miguel Otero entre quienes gobiernan a Chile actualmente? De ser el caso ¿Viviremos con autoridades que tal vez tengan opiniones personales e íntimas respecto a los procesos de DDHH en curso, de la dictadura y de Pinochet que no se correspondan con los valores públicos que constituyen la sociedad chilena hoy? Miguel Otero es una persona próxima al presidente Piñera – y nadie se llama a engaño acerca de que dijo lo que piensa y cree. Y, sin embargo, fue nombrado embajador de Chile ante la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. El efecto, como todo en nuestra era, es retroactivo. El presidente Piñera deberá corregir sus criterios de selección para nombrar su nuevo representante en Buenos Aires.

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